1. ¿Cómo nacen las cosas?

Huellas y trazos
Huellas y trazos © Antonio Juárez, 2004

Se presenta con estas letras el inicio de una historia, que será expuesta de modo necesariamente personal y asistemático, pero sí preciso, al ritmo aproximado de unas quinientas palabras semanales, como un intento de clarificar, de dar referencias, tratando de esbozar unas pautas para entender el pasado y el presente de la arquitectura, con la esperanza de encontrar salidas para nuestro tiempo, para que aquellos que desde las aulas de las escuelas de arquitectura y desde fuera de ellas, no hayan renunciado a dibujar, a proyectar y a pensar, y a tratar así de dar forma a nuestro tiempo y a nuestro mundo.

El dibujo ha sido, desde los inicios de la historia, una necesidad ancestral, con la que el hombre ha tratado de dar cauce a su pasión, misteriosa e incansable, de encontrar un hilo con el que atar sus omnipresentes reflexiones sobre el mundo y sobre las cosas. Los arquitectos, (aunque esto es generalizable a muchas disciplinas) para expresar la naturaleza de los problemas, han necesitado de esta herramienta gráfica.

Mirar al interior y al exterior, acercarse a los problemas, a la estructura, al orden y a una posible explicación de la realidad ha sido posible –y lo seguirá siendo aunque los medios nos distancien físicamente de nuestras herramientas y procedimientos– gracias al dibujo. Las relaciones existentes entre la observación, el descubrimiento, la creación y la invención  se despliegan –en muchos ámbitos del saber humano, pero también en la arquitectura– con el dibujo y con la grafía. Y rastrear los inicios de los procesos de generación proyectual supone, irreversiblemente, encontrarse con las herramientas gráficas que permiten dar forma a los problemas y hacerse las preguntas oportunas.

Le Corbusier lo expresaba así en 1960:

“Aprendemos al ver cómo las cosas nacen. Vemos como ellas se desarrollan, crecen, cambian, brotan, florecen y mueren… y el grano madura.

El principio fundamental es “de dentro a fuera” (contrario a las apariencias). Todo en la vida es en esencia biológico. La biología de una planta o sección es tan necesaria y obvia como la de una criatura de la naturaleza. Presentar la palabra “biología” ilumina todas las investigaciones en el campo de la construcción. Vivir, trabajar, cultivar el cuerpo y la mente, moverse de un espacio a otro, son procesos paralelos a aquellos de la sangre, los nervios y el sistema respiratorio.

De dentro afuera… el valor de todas las cosas recae en su propósito, en la semilla que germina. Nada es visto, admirado, amado sino aquello que es bello y delicado, ya que desde el exterior uno penetra en el mismo corazón de las cosas por el estudio, la investigación y la exploración.

Por caminos curiosamente intrincados, alcanzamos el centro.” (1)

 

(1) LE CORBUSIER, 5 de marzo de 1960, publicado en Creation is a Patient Search, Frederick A. Praeger, Publishers, New York, 1960, pág. 201. Traducción de A. Juárez.

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