23. In memoriam

VPO de Alcobendas. Manuel de las Casas, construidas con el sistema industrializado INDAGSA.
VPO de Alcobendas. Manuel de las Casas, construidas con el sistema industrializado INDAGSA. © Antonio Juárez, 2009.

Hace casi dos semanas nos dejó Manuel de las Casas, a los 73 años de edad, catedrático de la Escuela de Arquitectura de Madrid, y primer director de la Escuela de Arquitectura de Toledo. Nos dejó con la tristeza en el fondo del alma tras un último acto académico solemne y simbólico cuando se cantó por última vez, ante su cuerpo presente todavía, el gaudeamus igitur. Una emocionante despedida de alguien que contribuyó de manera decisiva y muy generosa a que la Escuela de Arquitectura de Madrid fuera lo que es hoy: una institución en la que, pese a las transformaciones coyunturales y los nuevos planes de estudio, sigue siendo un punto de referencia altamente reconocido internacionalmente en el panorama de la arquitectura contemporánea.

Arquitecto, profesor y maestro de maestros, dedicó su vida también al desempeño de cargos públicos, como el de Director General de Arquitectura y Edificación, entre otros, que asumió con el acuciante interés de hacer que algunos buenos arquitectos, pudieran dejar lo mejor de sí mismos en aquellas obras de vivienda social.

Con una conciencia social admirable, conversaba con las personas que vivían en condiciones insalubres, a lo largo de los años que duraron las complejas operaciones de realojamiento como los poblados -entre otros-  de Palomeras, Fuencarral y Orcasur, que iban a habitar en las viviendas que estaba proyectando. Indagó en la vivienda social desde la funcionalidad, desde la construcción, desde la lógica, desde la energía y desde la prefabricación con admirables resultados como las viviendas de Alcobendas, que todo estudiante y arquitecto, debería visitar.

Él me abrió, en los últimos años de su vida, las puertas de su cátedra, cuando ya le quedaban muy pocos años para jubilarse, aunque el proyecto de la Escuela de Arquitectura de Toledo le inyectara ilusión y le mantuviera activo hasta sus últimos días. Aún le recuerdo, en sus últimos años en la Escuela de Madrid, escudriñando entre las páginas del libro de Eduardo Torroja “Razón y ser de los tipos estructurales” y explicando a los estudiantes de primeros cursos, cómo él, que casi se sabía ese libro de memoria –libro técnico casi sin números ni fórmulas– tenía que volver a consultarlo una y otra vez para repensar los problemas que se le planteaban en cada nuevo proyecto con las estructuras. El resultado de una decisión estructural, fusión de arte y técnica, de imaginación y sensibilidad, impresiona a lo largo de la historia, de la que era buen conocedor, en la que no se manejaban ni algoritmos ni las herramientas electrónicas que hoy prometen resolver los problemas de los planteamientos resistentes. El puro dominio de la lógica demostraba no ser suficiente para tomar una decisión estructural. Por eso el libro de Torroja le maravillaba, pues estaba dedicado a esa idea, moldeadora del material, inspiradora de forma y economía, de lógica e ingenio.

Y estos días, mientas pensaba en este modesto homenaje, me venían a la cabeza las palabras que Rudolf Schwarz, arquitecto alemán, amigo íntimo de Mies van der Rohe, escribía en 1961. Son palabras dedicadas a los maestros, a esos pocos de los que cada vez quedan menos, que desde la construcción han imaginado y reinventado el mundo. Él fue uno de esos maestros, con quien los jóvenes estudiantes deberían conversar a través de sus obras:

“El maestro en construcción hace su trabajo extrayendo de los modestos requerimientos de los hechos y necesidades un contenido espiritual liberando así su forma y movimiento en el espacio. De este modo proyecta muros construidos sobre el firmamento, renueva la creación. En muchos aspectos él es como un auténtico filósofo, que absorbe el mundo dentro de su alma contemplativa siendo su consciencia más grande que el cosmos, que solamente provee del espacio que él envuelve con su alma.” (1)

 

(1) SCHWARZ, Rudolf, texto citado en  NEUMEYER, Fritz, The Artless Word, MIT Press, Cambridge, Massachusetts y London, England, 1991, p. 162.